|
Una
vez más el prejuicio y la discriminación hacen su aparición
cubiertos por la aparente asepsia e higiene de la ciencia
médica. Es el caso de las declaraciones del reconocido
psiquiatra homo/lesbo/transfóbico René Flores Ágreda en el
diario La República (sección Sociedad) el 31 de marzo de
2008.
Este
personaje es además un disciplinado militante de la religión
católica, ligado a organismos de clara raíz confesional y
que está en contra de cualquier posibilidad de interrupción
del embarazo y de la anticoncepción oral de emergencia (AOE).
La
nota del Diario enfoca mal la noticia al vincular el derecho
reproductivo de un transexual de Estados Unidos con el
ejercicio de la paternidad/maternidad de parejas gays/lésbicas,
ya sea a través de la fecundación, la adopción y/o la
crianza.
Para
empezar la transexualidad es algo distinto de la
homosexualidad. La primera es la percepción psicológica e
íntima de pertenecer al sexo opuesto con el que se nació y a
segunda es la atracción sexo-afectiva entre personas del
mismo sexo.
Ciertamente el caso del transexual embarazado va más allá de
los parámetros tradicionales en los que estaba encasillada
esta manifestación sexual humana. Se creería que un
transexual con identidad masculina no querría embarazarse al
ser ésta una vivencia asociada a las mujeres. La pregunta
acá es ¿por qué no un transexual puede hacer uso de sus
órganos biológicos reproductivos y de su derecho a la
procreación? Parece ser que la transexualidad y sus
implicancias pueden también replantearse a la luz de los
avances culturales y científicos.
Flores hace una evaluación esencialista del sujeto “mujer” y
advierte en él una “incontenible necesidad de ser madre”.
Para él el transexual embarazado, Thomas Beatti, es en
verdad una mujer y por lo tanto comprende y justifica su
necesidad de reproducirse. Sin embargo, en las condiciones
actuales de Thomas cuestiona su decisión al no ser una
verdadera mujer ni hacer lo que las mujeres reales hacen,
sienten y piensan. Y es que para Flores la teoría crítica
sobre el género y los derechos sexuales y reproductivos son
pecados y van contra los inobjetables designios de Dios.
Todo bajo su investidura científica que pretende limpiarlo
de cualquier vínculo religioso o agenda política.
Dice
él que los hijos de parejas homosexuales “van a tener
serios problemas” pues hay riesgo de que el niño o la
niña quede en orfandad debido a que el sida mata a los gays
y porque no encuentra forma de explicarles a los infantes
que son criados por una pareja del mismo sexo.
Sobre
el primer punto debemos decir que es un prejuicio rotundo
insinuar que a los gays les da siempre el sida y peor aún
que éste los matará invariablemente. La epidemia del VIH y
sida en nuestro país está concentrada en gays, bisexuales,
trans y hombres que tienen sexo con otros hombres sin
identidad homo/bi/transexual (HSH se les denomina desde el
lenguaje epidemiológico), pero lo está en gran medida por
las condiciones de especial vulnerabilidad en la que se
encuentran estas personas y comunidades respecto al
ejercicio de sus derechos.
Existe pues un contexto social y cultural adverso en el que
aún no pueden desarrollarse libremente y en total plenitud e
igualdad de derechos. Esto impacta negativamente en muchos
gays, bisexuales y trans mellando su autoestima y en
términos más culturales posibilitando el sexo clandestino
desprotegido. Ambos casos son ejemplos de cómo los
mecanismos de violencia y discriminación influyen en la
transmisión del VIH y sida, pero no existe per se un vínculo
unívoco e inequívoco entre homo/transexualidad y sida.
Por
otro lado, quienes ya viven con el VIH no tienen por qué
morir por tenerlo. Parece ser que el despistado señor Flores
no sabe que existe desde el 2004 terapia antiretroviral
otorgada por el Estado y que ésta mejora sustancialmente, en
la mayoría de los casos, la calidad y expectativa de vida de
las personas viviendo con VIH y sida (PVVS). El estadío
sida, fase final del proceso de infección, adquiere un nuevo
significado a partir de la medicación tomada debidamente y
de un estilo de vida saludable, no es por lo tanto la etapa
previa e inmediata a la muerte sino que se vuelve de manejo
crónico igual que la hipertensión o la diabetes por ejemplo.
En
cuanto al asunto de los niños criados por una pareja gay o
lésbica, debemos advertir que Flores pretende ser un
especialista al respecto, dando declaraciones,
recomendaciones o incluso informes, tal y como lo hizo para
la empresa Supermercados Peruanos S.A. (razón social de la
ya casi desaparecida Santa Isabel, así como de Plaza Vea y
Vivanda) en el proceso seguido en su contra por el cargo de
discriminación por orientación sexual hacia mi persona.
En su
momento los disparatados argumentos de Flores fueron
desvirtuados pues sólo formaban parte de sus convicciones
personales y su informe no citaba ningún estudio o refería
investigación o estadística alguna, careciendo por tanto de
valor científico. En su texto él opinaba sobre el movimiento
gay, lésbico, bisexual y trans (GLBT) y el feminista,
refiriéndose principalmente a asuntos políticos, lo cual
llevó a calificar su informe como “un panfleto
abiertamente homofóbico y con incorrecciones impropias de un
profesional de la salud”.
Para
contestarle se presentó un informe de Gabriela Kuroiwa,
entonces Secretaria General de la Asociación Psiquiátrica
Peruana, quien cita estudios de Bailey, Bobrow, Flaks,
Ficher, Golombok, Spencer, Green y Mandel. La autora señala
que se evaluó a niños criados por parejas heterosexuales y
homosexuales en aspectos como identidad de género, rol de
género, orientación sexual, relaciones sociales con
compañeros y adultos, relaciones de amistad, popularidad,
autoconcepto y autoestima, problemas de conducta,
inteligencia, riesgo de abuso sexual y de negligencia.
Kuroiwa señaló que “en ninguno de estos estudios se
encontró diferencias significativas en alguno de los puntos
investigados, por lo que se concluye que ‘los padres
homosexuales tienen tanta probabilidad como los padres
heterosexuales de proporcionar ambientes sanos y protectores
para sus niños’ (American Psychological Association,
2004”.
Algunos dirán que la nuestra es una sociedad distinta y no
está preparada para estos asuntos, pero precisamente ello
demuestra que es un tema cultural que no tiene por qué
quedar así para siempre como si fuera un dogma de fe. Ya el
psiquiatra y psicoanalista Alberto Péndola, declarando para
el programa Reporte Semanal sobre los hechos que originaron
la denuncia contra Supermercados Peruanos S.A., manifestó
que es problema de los padres el no saber informar y
explicar bien de esta realidad a los niños, transmitiéndoles
y perpetuando sus prejuicios e inseguridades.
El
también psicoanalista y reconocido columnista Jorge Bruce
comentando el matrimonio entre parejas del mismo sexo en
España sin restricciones para la adopción afirmó que “los
vínculos humanos trascienden nuestros prejuicios y
limitaciones, obligándonos a cuestionarlos” (Perú 21, 3
de julio de 2005, Pág. 2, sección Opinión, “Es el amor lo
que hace una familia”). Saluda como beneficioso para las
sociedades despojarse de tendencias segregacionistas y
retrógradas.
Flores, en una pésima comprensión de las leyes y los
derechos, indica también que el derecho a la adopción
pertenece exclusivamente al niño y no al adulto.
Efectivamente, la adopción debe darse en función del mejor
interés del niño, siendo éste el principio rector, pero tal
derecho no puede existir sin el derecho a la paternidad (en
este caso a través de la adopción) que tienen los adultos,
el uno no puede expresarse sin el otro y la adopción no
puede violar otros derechos, como el de no ser discriminado
por ejemplo.
Finalmente, es preciso desenmascarar el verdadero interés de
Flores en estos temas. Constituye para él parte de su agenda
política-religiosa escribir en contra de personas GLBT, así
como del aborto y la AOE.
Y lo
hace principalmente a través de la agencia de noticias ACI
Prensa, que en su web indica como parte de su misión “Proporcionar
información sobre el actuar de la Iglesia en el mundo con el
fin de difundir el Evangelio de la vida, el magisterio y las
diferentes actividades que ella realiza en el mundo en favor
de la Nueva Evangelización y de la construcción de una
sociedad justa y reconciliada”. En la revista Domingo
del diario La República publicada el 20 de marzo de 2005 el
autor de la nota “Los nuevos cruzados” refiere que en
el local de esta organización hay un letrero que dice “Nuestra
misión es anunciar al Señor Jesús en el ciberespacio como
parte de la misión de la Iglesia”.
Basta
con hacer un seguimiento dentro de este sitio web para darse
cuenta de la constancia y el tesón de la labor de Flores, a
quien además le publican continuamente cartas en la sección
de lectores de los diversos diarios del país. Solo un
ejemplo lo constituye la página A5 (sección Opinión-Díganos
lo que piensa) del diario El Comercio, en donde en su carta
titulada “Abierta y liberal” señala que aún no está
zanjado el asunto de si la homosexualidad constituye o no
una enfermedad. Sostiene que esta orientación sexual “puede
cambiarse con un tratamiento adecuado y que está asociada a
abundante patología médica y psíquica”, cuado en
realidad la OMS desde hace varios años ya determinó que la
homosexualidad no es una enfermedad y Amnistía Internacional
ha declarado como “tortura” los tratamientos obligatorios de
reconversión de la orientación sexual.
No
hay que dejar sorprender ni actuar impunemente a sujetos
como Flores, que quieren hacernos volver a etapas
oscurantistas y antidemocráticas, obstaculizando la
posibilidad de un Perú sin violencia y discriminación para
gays, lesbianas, bisexuales y trans. Nada tiene de
científico el dogma y el fanatismo religioso, que ese cuento
se lo cuenten a otros.
Lima,
02 de marzo de 2008
|